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Peta Zetas

Son muchos los programas en los que nos hemos puesto a hablar de golosinas. Que si el regaliz negro, que si el rojo, que si las nubes, que si los chicles... Esto de los chicles va como por edades, según lo que te puedas permitir. En mis años mozos, lo que podías comprarte era un boomer de alguno de sus múltiples sabores (hubo incluso de vainilla). Ya, si te daban dos duros, pues podías adquirir la delicatessen que era bubaloo, relleno de líquido. Y, si te portabas bien y sacabas buenas notas, podías incluso optar a un paquete de bang-bang (si alguien probó alguna vez los de sabor chocolate, que sepa que puede llorar sobre mi hombro). Yo incluso llegué a probar los chicles de peseta (sí, esa moneda ya desaparecida), que duraban más que los de cinco pesetas, porque estaban tan duros que te pasabas media hora masticándolos. Luego vas creciendo y ya te compras paquetes de trident y otras cosas parecidas que incluso anuncian en la tele (parece que sólo se comen en oficinas). En fin, ya para acabar; por encima de todo ha estado y estará siempre la mítica bolsa de Peta Zetas, pequeños trocitos que se convertían en chicle después de estallar en la boca al contacto con la saliva (un monumento al inventor). Ah, sí, aquello que decían que si lo mezclabas con coca-cola te estallaba la boca, es una leyenda urbana. ¿Que cómo lo sé? Ni preguntéis.

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3 oyentes respondieron a “Peta Zetas”

  1. # Anonymous Anónimo

    Desde tiempos inmemoriales Ha habido dos tipos de personas:
    1) Las que se comían el peta-zeta de uno en uno.
    2) Las que se lo metían en la boca todo de golpe.

    Sin ambigüedades. O se es de uno o del otro.  

  2. # Blogger mena

    Este comentario ha sido eliminado por el autor.  

  3. # Blogger mena

    Qué fuerte, he eliminado una entrada sin querer, pero no puedo hacer desaparecer el comentario... es que no soy el administrador...

    Nada, sólo decía que siempre fui de los que se metían los Peta Zetas a puñados, era incapaz de ir poco a poco... joder, acabo de entender muchas cosas de mi adolescencia... en fin, ése es otro tema...  

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